La improvisación es un arte apasionante – quizá la disciplina más alta a la que puede aspirar un músico. Su estudio requiere un constante y profundo análisis por parte de cada alumno acerca de su particular configuración de destrezas y habilidades musicales, aquellas que, con la práctica continua, y con un programa de estudios adaptado a sus capacidades y necesidades, le permitirán ser un improvisador competente, expresivo y creativo.
La técnica instrumental es la base – el estudio de ejercicios técnicos para apoyar la habilidad de improvisar fomentará la fluidez y facilidad, huyendo del estancamiento o repetición de frases de forma rutinaria. La capacidad de generar un “mapa” auditivo interno de un contexto o secuencia armónica, de reconocer e imaginar conexiones y “caminos” a través de la música para llegar a tocar “lo que uno oye” complementa la capacidad de predecir y construir las melodías de una forma más analítica. También será muy importante la capacidad de memorizar secuencias armónicas típicas y temas de repertorios concretos: los contextos del jazz, blues, rock y otros estilos actuales son las materias primas. También se guía al alumno para explorar y conocer el lenguaje de estilos variados a través de la transcripción y el análisis.
La improvisación se puede cursar en dos modalidades: Colectiva, en grupos reducidos, con mezcla de instrumentos y con plena interacción entre los alumnos; o Individual, si se dispone de un nivel instrumental técnico suficientemente alto. En ese caso, la clase de instrumento principal se puede sustituir por una de improvisación con un profesor de esta especialidad. Esto evita (mediante una convalidación del nivel instrumental apropiado), el tener que cursar las dos asignaturas (instrumento y improvisación), en ciclo profesional y superior.
Existe un grupo específico para vocalistas dada la naturaleza singular de la improvisación vocal.




